Los bigotes de ‘el gato de Botero’

Tras 6.000 obras pictóricas y 400 esculturas, a Fernando Botero le falta tiempo para pensar en minucias. Por ejemplo, no previó que los finos bigotes de su orondo gato escultórico iban a ser tan atractivos para la gente: los tocan sin parar, continuamente, y se desprenden o se rompen por su punto de inserción.

Previsible lo era. Le habría bastado con observarse, pues a él mismo le domina la misma pulsión, según relataba Jonathan Montoya, reportero del diario colombiano “El Mundo“, en su crónica de la entrega e inauguracíón de la escultura que el artista había donado al concejo de San Cristobal (Medellín, Antioquía) para instalarlo en el parque-biblioteca que lleva su nombre: “Botero tomó el ‘Gato’ de los bigotes, lo acarició y le dio una vuelta observándolo sigilosamente mientras la gente gritaba su nombre y, sobre todo, le daban las gracias”.

El artista colombiano tal vez debiera haber previsto también que, además de esta causa natural e inocente, algunos de quienes se quedaran con uno de los bigotes en la mano podían acabar echando números tras la sorpresa y rubor iniciales: “una tonelada es a 1,3 millones de dólores, lo que este bigote es a… ¡voy a pesarlo!”. Albergo ciertas dudas sobre si el origen de esta hipótesis de pensamiento desconsiderado y mezquino fue así de espontáneo o, muy al contrario, sugerido por la envidia y maledicencia del vecindario amplificada por los medios de comunicación, siempre tan deslenguados.

Información de Caracol TV (Colombia) sobre la desaparición de los bigotes de ‘El Gato’ de Botero

Lo cierto es que, como relata un joven vecino, a los pocos días de la inauguración se echó en falta uno de los bigotes, se repuso y volvió a desaparecer… continuaron las misteriosas desapariciones y van tres. Pero también es cierto lo que puntualiza el experto: ha habido quien, tras quedarse con uno en la mano por accidente, lo ha entregado a las autoridades. Todo lo demás me parecen especulaciones sin más fundamento que un comprensible enfado del vecindario y el sensacionalismo de los medios.

El misterio comenzó en Barcelona (tal vez no, pero vende)

En Barcelona (España) ‘el gato de Botero’ ha tenido varios emplazamientos, desde hace una década está en la Rambla del Raval. Prácticamente llegamos juntos a la ciudad y, tal vez por eso, forma parte de mi identidad cultural. Recuerdo la contrariedad que sentí cuando comenzaron a desaparecer sus bigotes, el estado mental negativo que me generó.

Escultura

El gato de Botero en la Rambla del Raval, Barcelona (España).

Foto original de @marcel_lano en Instagram

Este suceso al otro lado del Atlántico me ha abierto un poco los ojos: sugiero a las autoridades culturales que velan por la conservación de las esculturas de la Colección Gatos, y al mismo autor, que consideren la solución por la que optaron  acá: reimplantarle unos bigostes más gruesos y resistentes. Porque, ni modo, la gente va a seguir tocándolos pero en Barcelona, al menos, ya no se quedan con ellos en la mano.

Soluciones alternativas las habrá, sin duda. Aunque desconozco la sucesión temporal, o si es mera casualidad, parece como si Botero ya hubiera tomado medidas preventivas en el planteamiento y diseño en este otro ejemplar de su Colección Gatos en otro emplazamiento de Medellín: no tiene bigotes y está a una altura suficientemente disuasoria.

Anuncios

Etiquetas: , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: