Traspasado el Rubicón, cantemos una habanera

Acaba de empezar la campaña electoral en Cataluña pero “la suerte ya está echada”. El Rubicón no se traspasó con la negativa del presidente Mariano Rajoy a considerar siquiera el pacto fiscal, ni cuando el president Artur Más respondió con un desafío soberanista, ni con la presencia de altos representantes políticos y 1,5 millones de catalanes en la manifestación independentista de la Diada. En mi opinión, el Rubicón se traspasó con la sentencia contra el Estatut por parte de un Tribunal Constitucional desnaturalizado y politizado que se atrevió a interpretar nuestra carta magna de una forma sesgada, acorde con una concepción arcaica de España que no compartimos muchos españoles y, lo más relevante ahora, contraria al sentir casi unánime de los catalanes.

Tradicional "cantada d'habaneres" en Calella de Palafrugell

Tradicional “cantada d’habaneres” en Calella de Palafrugell (Baix Ampurdà, Girona)

Lo que algunos consideraron entonces una gran victoria, se ha demostrado pírrica y me temo que la campaña electoral no hará más que agravarlo: según datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO, el equivalente catalán al Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS), el 57% de los catalanes es partidario de la independencia, mientras que sólo el 20% votaremos en contra en un referendum de “autodeterminación” (un bodrio semántico y jurídico, cierto, pero difícil de rebatir con estos datos sobre la mesa). La situación parece irreversible, ni siquiera bastaría ya con la remota posibilidad de convencer a la totalidad del 30% de los indecisos.

Algunos cuestionarán la parcialidad de este sondeo por el simple hecho de ser catalán, pero no quienes vivimos cada día en Cataluña con los ojos bien abiertos y tratando de mantener la objetividad. La posibilidad de que ese referendum ilegal se produzca también parece inevitable, a juzgar por las intenciones de voto actuales: tanto el CEO como el CIS dan una mayoría amplia a CIU en el nuevo Parlament, absoluta si sumamos sus escaños a los de otras fuerzas independentistas (ERC y SI) y arrolladora si sumamos a los partidarios de la consulta (sólo el PPC se ha mostrado radicalmente en contra, mientras que el PSC exige que se haga legalmente, de acuerdo con el gobierno y el Parlamento españoles… una fantasía que aquí ya casi nadie se cree y le augura a los socialistas catalanes el mayor batacazo electoral de su historia).

 

Malditas banderas, fronteras y pasaportes

Como español residente en Cataluña o, lo que es lo mismo para mí -mientras no me demuestren lo contrario, en breve-, catalán nacido en España (y criado en el País Vasco), quiero expresar mi más enérgica repulsa y desafección hacia los políticos nacionalistas (españolistas y catalanistas, para mí sois todos muy parecidos en lo esencial) que nos habéis metido en este callejón de angosta salida para convertirnos en rehenes, carne de cañón o marionetas, según os convenga, de vuestra estrategia electoral. Me cago en todos/as los/as demagogos/as que vais de padres/madres de la patria cuando, en realidad, nos estáis hundiendo en la puta miseria cada día un poco más.

Hoy no tengo espacio ni ánimos para meter estopa a diestro y siestro, así que voy a centrarme en el bando españolista que está demostrando ser el más insufrible. Para entendernos, llamo españolismo al nacionalismo que muchos españoles parecen no darse cuenta de profesar cuando creen sinceramente que el predominio del castellano sobre el resto de las lenguas peninsulares es “lo normal y natural”, o que no hay más país ni patria que España -lo demás son “autonomías y punto”-, para acto seguido aferrarse a la Constitución y pretender que ese texto -que o bien no han acabado de leer, o bien no han acabado de digerir y entender- les da derecho a anular la voluntad y libertad política legítima de quienes  no piensan como ellos, o a utilizarla como un corsé para acallarlos, en lugar del instrumento de convivencia del que tan hipócritamente y tan amenudo hablan en vano.

El españolismo padece hoy una ceguera equiparable a la que ya sufriéramos hace más de un siglo, en los prolegómenos de la guerra de Cuba. Lo digo salvando las distancias, porque ni Cataluña ha sido nunca una colonia española ni el conflicto al que nos enfrentamos hoy es militar, sino civil y pacífico con algunas excepciones. Tampoco me refiero a la creencia de que podíamos ganar una guerra contra una potencia como los EEUU. Ese fue el desenlace del delirio pero el error que estamos repitiendo un siglo después fue anterior, cuando los súbditos de la colonia todavía no se habían levantado en armas, ni se habían empezado a instalar en un antiespañolismo inflexible e irreversible. Fue entonces cuando caímos en la arrogancia de creer que podíamos sostener el poder sin el apoyo de la mayoría, incluso contra la oposición activa de la mayoría. La falta de flexibilidad y consideración hacia las demandas de la población de un territorio, esta vez muy cercano, es lo que vuelve a llevarnos directos al desastre. El que muy probablemente sea desastroso también para Cataluña, parece que a otros españoles les satisface o tranquiliza, pero a  los españoles de aquí nos preocupa doblemente porque también puede perjudicarnos por duplicado y sabemos que ni ese ni otros temores (la invasión militar, el aislamiento de Europa…), fundados o no, van a detener la secesión.

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Una respuesta to “Traspasado el Rubicón, cantemos una habanera”

  1. Fieldo Says:

    Como dice la canción, yo “no soy de acá ni de allá, no tengo edad ni porvenir”, pero todo esto me parece lastimoso, irracional y, si me apuras, ridículo: no podemos estar discutiendo de estas cosas al borde del abismo. Haríamos bien en priorizar lo más urgentes porque nos va la supervivencia en ello: demasiada gente se está quedando en la calle, y más que va a haber: ¡algunos se están suicidando! Que se sientan más catalanes o españoles me parece lo de menos en estos momentos, porque la Independencia requerirá de tiempo y recursos que no nos podemos permitir detraer, ni ahora ni en el corto-medio plazo. Es irracional que tanto el gobierno catalán como el español están centrados en “lo que no toca”, como les gusta decir para no tratar sobre lo que no les conviene. Nos despistan con debates mezquinos mientras priorizan las necesidades e intereses de la banca y los gastos corrientes de la administración (la deuda se ha convertido en el principal) en lugar de las inversiones productivas, que den trabajo a la gente, o sociales que amortigüen la falta de medios y oportunidades. Deberíamos centrarnos en las políticas que mitiguen la miseria de los más desfavorecidos y la consiguiente desintegración social. Nos sintamos más españoles o catalanes, ambas cosas o ninguna de las dos, estamos todos en el mismo barco y a un paso del abismo.

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