Los desastres de la guerra y la manipulación histórica

La última atrocidad de la Guerra de la Independencia española ocurrió en mi pueblo natal, Castro-Urdiales (Cantabria, España). Fue sitiado durante meses por el ejército napoleónico y, finalmente, tomado al asalto y destruído en la noche del 11 de mayo de 1813. Hace ahora 200 años. Los bonapartistas no sólo arrasaron el pueblo, sino que pasaron a cuchillo a más de la mitad de su población civil: incluídos/as ancianos/as, mujeres y 82 niños/as.

Imagen

Recreación del asalto en los soportales del Ayuntamiento, junto a los muelles del puerto, en un fragmento de uno de los cuadros pintados por Ángel Quintana en 1896. Prefiero mostraros esto que al soldado italiano paseando el cadáver de un recién nacido ensartado en su bayoneta, inspirado uno de los hechos luctuosos recogidos en las cartas y memorias de algunos soldados franceses, testigos presenciales.

La crueldad homicida de los asaltantes no debe esconder el comportamiento indigno de los militares españoles que, tras una heroica defensa, en la desbandada final abandonaron a los civiles a su suerte. Sólo se salvaron quienes pudieron huir en sus barcas de pesca hacia el mar, protegidos por la armada británica, y quienes se refugiaron en el Convento de las monjas de Santa Clara. Inexplicablemente, fue el único lugar respetado por el ardor asesino de los sitiadores, frente a la total destrucción del Convento de los monjes de San Francisco.

El ejército imperial del norte, que ya se batía en retirada hacia Francia, fue derrotado un mes después en Vitoria y dos meses más tarde en Irún por el ejército de la coalición británico-hispano-lusa comandado por el duque de Wellington. La guerra continuó unos meses más en Cataluña y, aunque Napoleón restituyó en el trono al rey Fernando VII y se retiró totalmente de España, buscando un tratado de paz que le permitiera centrarse en el frente oriental, prosiguió en suelo francés hasta la batalla de Toulouse. Esta fue otra última matanza gratuita, puesto que Napoleón ya había abdicado unos días antes. Pero, al menos, sus casi 8.000 bajas fueron todas militares: el general Soult ordenó evacuar a la población civil hacia Carcassone, mientras contenía al ejército de la coalición desde las colinas fortificadas que rodeaban la ciudad. Todo un gesto que nunca valorarán los antifranceses (ni siquiera llaman al diablo por su nombre, en lugar de francés dicen “gabacho“).

IMG_1431

Incendio de Castro-Urdiales tras el asalto, la noche del 11 de mayo de 1813. Es otro fragmento de uno de los cuadros pintados por Ángel Quintana en 1896, en el original hay dos fragatas de la armada británica a la derecha.

No soy historiador, pero me gusta la Historia y, sobre todo, reflexionar sobre las lecciones que nos ofrece el desenmascaramiento de las manipulaciones interesadas de la Historia. Ya se sabe que el nacionalismo es contrario a la ciencia, cuando la promueve es sólo para servirse de ella.

Reflexión tras 200 años de mitos

En el ciclo de conferencias que organizó el Ayuntamiento de Castro-Urdiales con motivo del bicentenario de estos sucesos, tuve la fortuna de asistir a la conferencia de Charles Esdaile, un profesor de la Universidad de Liverpool experto en esa época. Esdaile manifestó ante la audiencia su satisfacción por estar en el único pueblo de España cuyo cancionero y tradición populares mantienen viva la memoria de la ayuda prestada por los británicos, con muestras positivas de reconocimiento si no de gratitud. Esta constatación contrasta con el enorme esfuerzo que derrocharon los británicos en la península (obviamente no lo hicieron por altruísmo, pero ese es otro tema), escalofriantemente expresado en sus bajas durante la contienda: 40.000 soldados británicos murieron en España y Portugal, escenarios tácticos de una misma estrategia de guerra. Perdieron a uno de cada cuatro soldados (25%), es la mayor proporción de bajas de su historia militar; supera a la registrada durante las guerras coloniales e, incluso, la de las dos guerras mundiales.

El reconocimiento o agradecimiento, según se mire, de la tradición popular castreña no es genérica hacia el ejército británico, sino específica hacia su armada, cuya infantería de marina participó en la defensa y, finalmente, cubrió con su artillería la retirada de quien dispuso de barca para huir por mar.  Yo siempre había asociado esto al hecho de que la bandera de la ciudad lleve, como las de Escocia y la Union Jack imperial (después Reino Unido), la cruz de San Andrés. Sin embargo, la adopción local de ese símbolo es muy anterior, se remonta a la Edad Media. Precisamente de la Edad Media proviene otro dato que aumenta el valor del reconocimiento local hacia los británicos: los castreños se alzaron en armas contra Eduardo, príncipe de Gales apodado el Príncipe Negro, cuando intentó tomar posesión de los derechos sobre Castro-Urdiales que le había concedido Pedro I ‘el Cruel (para sus detractores, ‘el Justiciero‘ según sus partidarios), en pago de los servicios mercenarios que le había prestado en la guerra civil que le enfrentaba a su hermano, Enrique de Trastámara.

El nacionalismo español

Quienes asistimos a la escuela primaria franquista sabemos bien lo que es la manipulación histórica, de la que tanto acusan ahora sus herederos a los nacionalistas vascos o catalanes. La Guerra de la Independencia española -en Castro la llamamos “La francesada”, por motivos obvios- era entonces uno de los puntales de la Historia oficial, junto con la Reconquista “a los moros”, el “descubrimiento” de América y la “gran cruzada” (no se referían a ninguna de las medievales, sino a la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la 2ª República). Según aquella versión oficial de la Historia, el heroico pueblo español -con la excepción de unos pocos traidores, los “afrancesados”- se levantó en armas y acabó echando del país al mejor ejército profesional de la época. Como resultaba a todas luces inverosímil, se explicaba uno de los grandes inventos españoles: la guerrilla (recuerdo los esfuerzos desplegados para marcar distancias entre aquel recurso legítimo contra “el invasor” y la maldad intrínseca de los comunistas que la utilizaban en el sudeste asiático y Latinoamérica).

A la izquierda Charles Esdail, profesor de Historia en la Universidad de Liverpool (Inglaterra, UK) y experto en la época

A la izquierda Charles Esdaile, profesor de Historia en la Universidad de Liverpool (Inglaterra, UK) y experto en la época

La realidad, sin embargo, parece que distó mucho de aquel relato. El ejército español fue incapaz de plantear más que simples y desastrosas escaramuzas iniciales contra el invasor francés. La guerra no comenzó a cambiar de signo hasta la intervención británica, pero la indisciplina y falta de preparación del ejército español fue un motivo de preocupación contante para el duque de Wellington, siempre que podía le asignaba labores menores. De hecho, sólo tuvo un papel central y decisivo en la última gran batalla sobre suelo español, en los montes de San Marcial, entre Irún y la ribera del Bidasoa. En cuanto a la inapreciable labor de acoso y desgaste que ejerció la guerrilla, no debe ocultar que la mayoría de ellas se convirtieron en simples grupos de delincuentes que sumieron al país en el caos más absoluto, hasta la reagrupación final de las partidas bajo mandos militares.

La manipulación interesada de la Historia, por motivos ideológicos o de otra índole, suele tender a la simplificación y las reacciones viscerales: se ocultan factores relevantes y se magnifican detalles hasta elevarlos a un grado de importancia que no les corresponde. El odio a “muerte al francés” era comprensible: el ejército imperial napoleónico cometió desmanes ignominiosos en suelo español. En el caso castreño, sin embargo, las cartas y memorias que dejaron algunos de los soldados y suboficiales franceses que participaron en el asalto lo relativizan: fueron los soldados del batallón italiano, los primeros que franquearon las murallas, quienes iniciaron y protagonizaron las violaciones y asesinatos si bien, ante la incapacidad de los oficiales franceses para detener los atropellos, muchos soldados franceses acabaron sumándose. La responsabilidad de una violación o un asesinato es de quiene los comete, pero también de quien no hace cuanto está en su mano para impedirlo. Esto no sólo incluye a los oficiales franceses al mando de la tropa asaltante, sino también al gobernador militar español que dirigió la defensa de la plaza, el teniente-coronel del regimiento Iberia don Pedro Pablo Álvarez Alonso y Pérez de Guzmán (‘el Bueno‘), quien dilapidó y arruinó para siempre la honra y fama como defensor esforzado y ejemplar que había atesorado siglos antes  su antecesor en el cerco de Tarifa.

El dilema de los afrancesados

Si la historia franquista tendió a encumbrar los valores patrióticos y el heroísmo, incluso donde fuera dudoso o descaradamente ficticio, el revisionismo posterior cometió otro evidente exceso:  en su ánimo de denostar al Antiguo Régimen, y al conservadurismo carca de sus defensores, justificaron el apoyo de algunos jóvenes intelectuales, artistas y políticos liberales al invasor francés presentando a éste como al “libertador” del pueblo llano que, siguiendo el espíritu de la Revolución francesa y el mandato de sus Estados Generales, venía a abolir los fueros e instituciones medievales y a destronar a una de las monarquías más nocivas y arbitrarias de Europa. Seguramente hubo algo de esto en el ánimo de los afrancesados, pero la realidad de la invasión y ocupación francesa de España resultó muy diferente.

La consecuencias de la Restauración posterior de Fernando VII ‘el Deseado‘ parece darles la razón, pero sólo en lo retrógrado de las instituciones y partidarios del Antiguo Régimen español. Hoy es insostenible el papel libertador del ejército imperial napoleónico, ni en España (1808-1814), ni en ninguno de los países que invadió y ocupó por largo tiempo. Arrasó a sangre y fuego ciudades y pueblos enteros, y no siempre por haber encontrado resistencia, a veces fueron simples abusos, desmanes o guerra psicológica premeditada a través del terror. En cualquier caso, toda esa violencia no sirvió para liberar a nadie, sino para sojuzgar y expoliar. La prioridad de Napoleón I y sus testaferros, como su hermano José I en España, no  fue el bienestar ni de la modernización de los países que ocupaba, sino proveer a sus ejércitos de los recursos materiales y humanos que necesitaba y a sus arcas, de los recursos ajenos expoliados. El profesor Esdaile documentó profusamente el caso de Polonia, pero en España está perfectamente documentado que, tras la batalla de Vitoria, los franceses abandonaron en su huída buena parte del tesoro y el patrimonio histórico-artístico españoles que se llevaban en su retirada hacia Francia como botín de guerra.

Anuncios

5 comentarios to “Los desastres de la guerra y la manipulación histórica”

  1. Los desastres de la guerra y la manipulación histórica Says:

    […] Los desastres de la guerra y la manipulación histórica plus por waspy09 en cultura | historia hace […]

  2. waspy09Mariano Says:

    Todas las guerras han sido, son y serán crueles. Los conquistados pasan a ser el botín de los vencedores. Bosnia, Ruanda, Irak…
    Desconocía ese pasaje en profundidad .
    Buen post y saludos desde Torrelavega

  3. Marcelino Llano Says:

    Gracias, waspy09Mariano. Yo desconocía que somos paisanos 🙂 Si un día tienes la oportunidad de pasear por lo que queda del núcleo antiguo de Castro, observarás mucha piedra ennegrecida que no se corresponden con el color propio de las canteras locales. Material teñido de importación 😉

  4. Jorge Says:

    Soy de Zaragoza y son conocedor de este tema. Invito a abrir los ojos sobre la veracidad de las guerrillas, y de resistencia, narrada por cronistas de la época y de la importante resistencia popular, que ha dejado huellas en las propias calles (hay huellas de disparos y de resistencia). El colegio al que fui fue en su día cementerio y cuartel general de la guerra, en el que estudiaron Palafox y Goya. Para más información: http://alasombradelasabina.blogspot.com.es/2009/03/los-sitios-de-zaragoza-heroes-o.html.

    • Marcelino Llano Says:

      Muchas gracias por tu comentario y enlace, nunca había leído nada sobre el segundo sitio de Zaragoza desde ése punto de vista crítico. Le echaré un vistazo con más detenimiento en cuanto pueda 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: