Archive for the ‘Historia’ Category

El periplo histórico del convento de Valldonzella

2 de agosto de 2013

Me propongo explicaros el periplo histórico por el que una modesta comunidad de monjas, formada en los albores de la Edad Media, acabaría fundando en el siglo XIII (año 1237) un pequeño monasterio cisterciense en un frondoso valle del macizo de Collserola, hasta que la guerra civil entre el rey Jaime I ‘el Conquistador’ y la nobleza (hasta 1227 contra la aragonesa, contra la catalana tres décadas más) acabó forzando su traslado (año 1250) para convertirse en posada, panteón y retiro de reyes en el exterior de las puertas de la muralla de la ciudad condal; tras ser arrasado durante la Guerra dels Segadors (1640-52), quedaría adosado al interior de la muralla hasta ser demolido por la administración napoleónica (1808-14); reconstruído nuevamente, sobrellevó algunos exilios temporales y sobrevivió a los rigores de la Desamortización (1766-1895), hasta que fue quemado durante la Semana Trágica (1909) y reconstruído como edificio modernista (1919) a los pies del Tibidabo, lejos de su céntrico emplazamiento anterior.

Quema de iglesias en la Semana Trágica

Incendios en Barcelona durante la Semana Trágica, del 26 de julio al 2 de agosto de 1909. Fuente: Wikipedia

Acabo de invitaros a un viaje por la Historia de Cataluña y, aunque hay quien lo discute e incluso quien lo niega, de España. Debo hacerlo para contaros la historia del convento de monjas que dio nombre a la calle donde viví al llegar a Barcelona. Creo que ya os he confesado mi afición por la Historia: no por el cotilleo sobre la vida y milagros de los reyes y clases dirigentes, ni por el relato de sus supuestos amores y hazañas -casi siempre contados por los poderosos vencedores, por advenedizos a sus órdenes, por mercenarios intelectuales a sueldo o por simples lacayos-, sino por el devenir de la sociedad que los toleraba o encumbraba, según los casos, y por los detalles de la vida cotidiana de las personas que los padecieron y sostuvieron de buen grado o, las más de las veces, a la fuerza. Creo que Miguel de Unamuno lo llamaba intrahistoria 😕

En cualquier caso, yo viví en la calle Valldonzella el primer año de mi larga estancia en Barcelona, pues ya va para 23 años. Desde entonces, y casi sin proponérmelo, se fue gestando en mí una intensa curiosidad por su nombre y grafía -al principio, no sabía si procedía del apellido de alguna familia ilustre, si era un topónimo…-, así como por su historia. Este verano he saciado casi por completo mi curiosidad, gracias en buena medida a la ruta documentada que publicó a principios de julio el blog Pla de Barcelona. Pero vayamos por partes: casi recién llegado ya descubrí que el nombre de la calle procedía del de un antiguo convento. Al principio, creía que la iglesia y el complejo de edificios religiosos que todavía exiten allí -y que las malas lenguas asocian a “la Obra”, también conocida como Opus Dei– eran los vestigios del convento en cuestión. Sin embargo, enseguida averigüé que nada tenían en común.

Tres traslados: 1250, 1651 y 1919

Tanto mi calle como el convento que alojaba se llamaron de Natzaret hasta el año 1651, aunque ese nombre esté hoy exiliado en el callejero de la periferia de Barcelona, entre el barrio de la Teixonera y las estribaciones de Sant Genís dels Agudells. Como supe algo más tarde, también el monasterio de Santa María de Valldonzella está desde 1919 a los pies del monte Tibidabo, en el barrio de Sant Gervasi; sin embargo, se aposentó en el antiguo convento de Natzaret durante tres períodos sucesivos entre 1651 y 1909: 1651-1808, 1814-35 y 1847-1909. Antes de trasladarse a ese emplazamiento, estuvo entre los años 1250-1651 a menos de un kilómetro de alli, en el actual barrio del Eixample Esquerra (algunas fuentes lo sitúan en la actual encrucijada de la Gran Vía de les Corts Catalanes con la calle Viladomat, mientras que otras lo ubican un poco más hacia la Plaza de España, entre las calles del Conde Borrell y Calabria), hasta que fue canjeado por el convento de Natzaret con los administradores del monasterio de Poblet, del que dependía (las monjas de Valldonzella serían unas de las impulsoras decisivas en el reinstauración de éste, tras la guerra civil española).

El convento de Valldonzella original había sido fundado como comunidad cisterciense femenina en “la vall Donzela” (el valle de las monjas, en traducción libre del catalán antiguo) en el año 1237 y en el antiguo municipio de Olorda, una zona boscosa situada entre los actuales municipios de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat, Molins de Rei y Sant Cugat del Vallés, en el corazón del actual parque natural de Collserola, extenso pulmón y cinturón verde del área metropolitana de Barcelona. No obstante, la comunidad de monjas originaria ya existía mucho antes: la primera referencia documentada es del año 1165, pero diversos indicios permiten suponer que se fundó con anterioridad. Además, hay constancia documental de que abrazaron las normas del Cister desde 1226.

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Los desastres de la guerra y la manipulación histórica

5 de julio de 2013

La última atrocidad de la Guerra de la Independencia española ocurrió en mi pueblo natal, Castro-Urdiales (Cantabria, España). Fue sitiado durante meses por el ejército napoleónico y, finalmente, tomado al asalto y destruído en la noche del 11 de mayo de 1813. Hace ahora 200 años. Los bonapartistas no sólo arrasaron el pueblo, sino que pasaron a cuchillo a más de la mitad de su población civil: incluídos/as ancianos/as, mujeres y 82 niños/as.

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Recreación del asalto en los soportales del Ayuntamiento, junto a los muelles del puerto, en un fragmento de uno de los cuadros pintados por Ángel Quintana en 1896. Prefiero mostraros esto que al soldado italiano paseando el cadáver de un recién nacido ensartado en su bayoneta, inspirado uno de los hechos luctuosos recogidos en las cartas y memorias de algunos soldados franceses, testigos presenciales.

La crueldad homicida de los asaltantes no debe esconder el comportamiento indigno de los militares españoles que, tras una heroica defensa, en la desbandada final abandonaron a los civiles a su suerte. Sólo se salvaron quienes pudieron huir en sus barcas de pesca hacia el mar, protegidos por la armada británica, y quienes se refugiaron en el Convento de las monjas de Santa Clara. Inexplicablemente, fue el único lugar respetado por el ardor asesino de los sitiadores, frente a la total destrucción del Convento de los monjes de San Francisco.

El ejército imperial del norte, que ya se batía en retirada hacia Francia, fue derrotado un mes después en Vitoria y dos meses más tarde en Irún por el ejército de la coalición británico-hispano-lusa comandado por el duque de Wellington. La guerra continuó unos meses más en Cataluña y, aunque Napoleón restituyó en el trono al rey Fernando VII y se retiró totalmente de España, buscando un tratado de paz que le permitiera centrarse en el frente oriental, prosiguió en suelo francés hasta la batalla de Toulouse. Esta fue otra última matanza gratuita, puesto que Napoleón ya había abdicado unos días antes. Pero, al menos, sus casi 8.000 bajas fueron todas militares: el general Soult ordenó evacuar a la población civil hacia Carcassone, mientras contenía al ejército de la coalición desde las colinas fortificadas que rodeaban la ciudad. Todo un gesto que nunca valorarán los antifranceses (ni siquiera llaman al diablo por su nombre, en lugar de francés dicen “gabacho“).

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Incendio de Castro-Urdiales tras el asalto, la noche del 11 de mayo de 1813. Es otro fragmento de uno de los cuadros pintados por Ángel Quintana en 1896, en el original hay dos fragatas de la armada británica a la derecha.

No soy historiador, pero me gusta la Historia y, sobre todo, reflexionar sobre las lecciones que nos ofrece el desenmascaramiento de las manipulaciones interesadas de la Historia. Ya se sabe que el nacionalismo es contrario a la ciencia, cuando la promueve es sólo para servirse de ella.

Reflexión tras 200 años de mitos

En el ciclo de conferencias que organizó el Ayuntamiento de Castro-Urdiales con motivo del bicentenario de estos sucesos, tuve la fortuna de asistir a la conferencia de Charles Esdaile, un profesor de la Universidad de Liverpool experto en esa época. Esdaile manifestó ante la audiencia su satisfacción por estar en el único pueblo de España cuyo cancionero y tradición populares mantienen viva la memoria de la ayuda prestada por los británicos, con muestras positivas de reconocimiento si no de gratitud. Esta constatación contrasta con el enorme esfuerzo que derrocharon los británicos en la península (obviamente no lo hicieron por altruísmo, pero ese es otro tema), escalofriantemente expresado en sus bajas durante la contienda: 40.000 soldados británicos murieron en España y Portugal, escenarios tácticos de una misma estrategia de guerra. Perdieron a uno de cada cuatro soldados (25%), es la mayor proporción de bajas de su historia militar; supera a la registrada durante las guerras coloniales e, incluso, la de las dos guerras mundiales.

El reconocimiento o agradecimiento, según se mire, de la tradición popular castreña no es genérica hacia el ejército británico, sino específica hacia su armada, cuya infantería de marina participó en la defensa y, finalmente, cubrió con su artillería la retirada de quien dispuso de barca para huir por mar.  Yo siempre había asociado esto al hecho de que la bandera de la ciudad lleve, como las de Escocia y la Union Jack imperial (después Reino Unido), la cruz de San Andrés. Sin embargo, la adopción local de ese símbolo es muy anterior, se remonta a la Edad Media. Precisamente de la Edad Media proviene otro dato que aumenta el valor del reconocimiento local hacia los británicos: los castreños se alzaron en armas contra Eduardo, príncipe de Gales apodado el Príncipe Negro, cuando intentó tomar posesión de los derechos sobre Castro-Urdiales que le había concedido Pedro I ‘el Cruel (para sus detractores, ‘el Justiciero‘ según sus partidarios), en pago de los servicios mercenarios que le había prestado en la guerra civil que le enfrentaba a su hermano, Enrique de Trastámara.

El nacionalismo español

Quienes asistimos a la escuela primaria franquista sabemos bien lo que es la manipulación histórica, de la que tanto acusan ahora sus herederos a los nacionalistas vascos o catalanes. La Guerra de la Independencia española -en Castro la llamamos “La francesada”, por motivos obvios- era entonces uno de los puntales de la Historia oficial, junto con la Reconquista “a los moros”, el “descubrimiento” de América y la “gran cruzada” (no se referían a ninguna de las medievales, sino a la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la 2ª República). Según aquella versión oficial de la Historia, el heroico pueblo español -con la excepción de unos pocos traidores, los “afrancesados”- se levantó en armas y acabó echando del país al mejor ejército profesional de la época. Como resultaba a todas luces inverosímil, se explicaba uno de los grandes inventos españoles: la guerrilla (recuerdo los esfuerzos desplegados para marcar distancias entre aquel recurso legítimo contra “el invasor” y la maldad intrínseca de los comunistas que la utilizaban en el sudeste asiático y Latinoamérica).

A la izquierda Charles Esdail, profesor de Historia en la Universidad de Liverpool (Inglaterra, UK) y experto en la época

A la izquierda Charles Esdaile, profesor de Historia en la Universidad de Liverpool (Inglaterra, UK) y experto en la época

La realidad, sin embargo, parece que distó mucho de aquel relato. El ejército español fue incapaz de plantear más que simples y desastrosas escaramuzas iniciales contra el invasor francés. La guerra no comenzó a cambiar de signo hasta la intervención británica, pero la indisciplina y falta de preparación del ejército español fue un motivo de preocupación contante para el duque de Wellington, siempre que podía le asignaba labores menores. De hecho, sólo tuvo un papel central y decisivo en la última gran batalla sobre suelo español, en los montes de San Marcial, entre Irún y la ribera del Bidasoa. En cuanto a la inapreciable labor de acoso y desgaste que ejerció la guerrilla, no debe ocultar que la mayoría de ellas se convirtieron en simples grupos de delincuentes que sumieron al país en el caos más absoluto, hasta la reagrupación final de las partidas bajo mandos militares.

La manipulación interesada de la Historia, por motivos ideológicos o de otra índole, suele tender a la simplificación y las reacciones viscerales: se ocultan factores relevantes y se magnifican detalles hasta elevarlos a un grado de importancia que no les corresponde. El odio a “muerte al francés” era comprensible: el ejército imperial napoleónico cometió desmanes ignominiosos en suelo español. En el caso castreño, sin embargo, las cartas y memorias que dejaron algunos de los soldados y suboficiales franceses que participaron en el asalto lo relativizan: fueron los soldados del batallón italiano, los primeros que franquearon las murallas, quienes iniciaron y protagonizaron las violaciones y asesinatos si bien, ante la incapacidad de los oficiales franceses para detener los atropellos, muchos soldados franceses acabaron sumándose. La responsabilidad de una violación o un asesinato es de quiene los comete, pero también de quien no hace cuanto está en su mano para impedirlo. Esto no sólo incluye a los oficiales franceses al mando de la tropa asaltante, sino también al gobernador militar español que dirigió la defensa de la plaza, el teniente-coronel del regimiento Iberia don Pedro Pablo Álvarez Alonso y Pérez de Guzmán (‘el Bueno‘), quien dilapidó y arruinó para siempre la honra y fama como defensor esforzado y ejemplar que había atesorado siglos antes  su antecesor en el cerco de Tarifa.

El dilema de los afrancesados

Si la historia franquista tendió a encumbrar los valores patrióticos y el heroísmo, incluso donde fuera dudoso o descaradamente ficticio, el revisionismo posterior cometió otro evidente exceso:  en su ánimo de denostar al Antiguo Régimen, y al conservadurismo carca de sus defensores, justificaron el apoyo de algunos jóvenes intelectuales, artistas y políticos liberales al invasor francés presentando a éste como al “libertador” del pueblo llano que, siguiendo el espíritu de la Revolución francesa y el mandato de sus Estados Generales, venía a abolir los fueros e instituciones medievales y a destronar a una de las monarquías más nocivas y arbitrarias de Europa. Seguramente hubo algo de esto en el ánimo de los afrancesados, pero la realidad de la invasión y ocupación francesa de España resultó muy diferente.

La consecuencias de la Restauración posterior de Fernando VII ‘el Deseado‘ parece darles la razón, pero sólo en lo retrógrado de las instituciones y partidarios del Antiguo Régimen español. Hoy es insostenible el papel libertador del ejército imperial napoleónico, ni en España (1808-1814), ni en ninguno de los países que invadió y ocupó por largo tiempo. Arrasó a sangre y fuego ciudades y pueblos enteros, y no siempre por haber encontrado resistencia, a veces fueron simples abusos, desmanes o guerra psicológica premeditada a través del terror. En cualquier caso, toda esa violencia no sirvió para liberar a nadie, sino para sojuzgar y expoliar. La prioridad de Napoleón I y sus testaferros, como su hermano José I en España, no  fue el bienestar ni de la modernización de los países que ocupaba, sino proveer a sus ejércitos de los recursos materiales y humanos que necesitaba y a sus arcas, de los recursos ajenos expoliados. El profesor Esdaile documentó profusamente el caso de Polonia, pero en España está perfectamente documentado que, tras la batalla de Vitoria, los franceses abandonaron en su huída buena parte del tesoro y el patrimonio histórico-artístico españoles que se llevaban en su retirada hacia Francia como botín de guerra.

El musgo que resucitó tras 400 años congelado

30 de mayo de 2013

Unos científicos canadiendes han encontrado unos musgos (el nombre científico es briofitas) capaces de renacer tras haber permanecido 400 años congelados, según una investigación publicaba recientemente en la revista norteamericana PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences). Este descubrimiento tiene importantes implicaciones en los estudios sobre la regeneración celular y la adaptación de los organismos vivos a ambientes extremos. Además, permite alumbrar una esperanza de vida en un área de conocimiento que hasta ahora sólo se veía como fuente de amenazas: la liberación de metano y otros gases de efecto invernadero con el deshielo del permafrost, el aumento del nivel del mar…

Glaciar en Jökulsarlón (Islandia). Foto de Fran Llano en Flickr

Glaciares islandenses. Foto de Fran Llano en Instagram (@fran_bilbo)

El equipo científico pertenece a la Universidad de Alberta (Canadá) y está compuesto por Catherine La Farge y Krista H. Williamsa, del departamento de Biología, y John H. England, del departamento de Ciencias Atmosféricas y de la Tierra. Recogieron restos biológicos que estaban quedando al descubierto con el retroceso del glaciar Lágrima en Sverdrup Pass, en la isla de Ellesmere del archipiélago ártico del Canadá. El deshielo en la zona se está acelerando desde 2004. Tras analizar las muestras, que han sido datadas a principios de la “Pequeña Edad de Hielo”, época de glaciación entre los años 1550 y 1850, se descubrió que tenían una integridad estructural excepcional y una notable variedad genética: contenían 60 de las 144 especies de musgo catalogadas en el ecosistema de Sverdrup Pass.  De esas 60 especies, han conseguido reproducir al menos cuatro en once cultivos in vitro realizados experimentalmente en su laboratorio.

Cristales de hielo

Cristales de hielo. Fuente: Wikipedia

Según los investigadores, estas plantas “son candidatas ideales para experimentos biológicos, especialmente en ambientes extremos” debido a las peculiares propiedades de sus células: “pueden apagarse fisiológicamente durante la desecación y revivir cuando las condiciones son favorables”. Para los autores, este descubrimiento modifica la idea que se tenía sobre la biodiversidad y capacidad regenerativa de los ecosistemas polares cuando vuelven a quedar a la intemperie, tras el retroceso del hielo: “ya no deberían ser asumidos como estériles (…). En los ecosistemas polares, la regeneración de tejidos sepultados por el hielo durante 400 años amplía significativamente nuestro conocimiento sobre su papel en la recolonización de los paisajes polares pasados o presentes (…). En un mundo en plena disminución de la diversidad biológica, nuestro estudio muestra que la conservación de briofitas subglaciales sirve como un reservorio genético desconocido que manifiesta la capacidad de resistencia de las plantas terrestres y la riqueza emergente de ecosistemas como los glaciares polares que retroceden”.

Las consecuencias de la dieta en la salud

23 de febrero de 2013

La dieta rica en hidratos de carbono o glúcidos a partir de la agricultura neolítica (hace unos 10.000 años) y el consumo de harina y azúcares procesados industrialmente (a partir de 1850 y, por tanto, hace poco más de siglo y medio) son “dos de los mayores cambios alimentarios en la evolución humana”, según una investigación internacional publicada recientemente en la revista científica “Nature Genetics” que ha analizado el código genético (ADN) de las bacterias calcificadas en la placa dental (el sarro) de 34 esqueletos europeos antiguos, nórdicos concretamente.

Las conclusiones del estudio se centran en los cambios que explican la extensión y cronificación de la caries dental, pero los datos obtenidos y analizados pueden tener implicaciones más generales sobre la relación de la dieta y los hábitos alimenticios con la salud humana. La investigación ha sido dirigida por la doctora Christina Adler, que actualmente trabaja en la Universidad de Sydney (Australia), y Alan Cooper, profesor en el Centro de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida (Australia); han participado expertos de este departamento, de la Universidad de Aberdeen (Escocia, UK) y del Instituto Wellcome Trust Sanger de Cambridge (Inglaterra, UK).

Cartel de una campaña inglesa a favor de la comida natural

Necesitamos enseñar a nuestros niños/as a comer comida de verdad. No comida rápida. No comida basura. No comida procesada… Simplemente comida de verdad, nutritiva y sin engaños!

Cartel de una campaña del grupo de Facebook “Juicing Vegetables

Según el texto publicado en Nature Genetics, “la transición de la caza y recolección a la agricultura desplazó a la comunidad microbiana oral hacia una configuración asociada a la enfermedad [caries]”. Los investigadores parecen sorprendidos al constatar que “la composición de la microbiota bucal se mantuvo constante entre el Neolítico y la Edad Media” y sospechan que “las ahora ubicuas bacterias cariogénicas se convirtieron en dominantes, al parecer, durante la Revolución Industrial”. Otros detalles de los cambios observados, como la drástica redución de la diversidad genética apreciable en los “modernos ecosistemas microbióticos orales” con respecto a las muestras históricas, llevan al grupo de investigadores/as a sospechar que “podrían estar contribuyendo a crónificar la enfermedad [caries]”, a la que describen como propia “de estilos de vida postindustriales”.

Reconozco mi indigencia científica en esta y otras materias relacionadas, pero creo que “para tan corto viaje no hacían falta tamañas alforjas”. Reconozco igualmente la importancia y pertinencia del estudio, no se había hecho nunca antes, pero tengo la sensación de estar leyendo la confirmación científica de algo que, de algún modo, ya sabíamos todos (incluso los interesados en seguir financiando la versión contraria y algunos señuelos alternativos). El estudio se ha centrado en la caries (¿quién financió algo así?), dejando de lado a las cada vez más extendidas alergias e intolerancias, los efectos nocivos de los aditivos, pesticidas… y tantas otras moderneces sospechosas de tener repercusiones en la salud humana pero cuya demostración científica jamás financiará nadie poderoso, tampoco las autoridades que dicen velar por el interés común.


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